miércoles, 14 de octubre de 2009

A veces, mi mundo agradable me parece demasiado estúpido...

Hoy a la mañana llegué de viaje. Alrededor de las 7 me tomé un taxi para venir a mi casa, llovía, las calles estaban húmedas y el aire fresco. Venía sentada en el auto semi-dormida, con mucho sueño y ganas de llegar a mi casa para desayunar algo. El taxi se detiene en un semáforo, y el taxista (valga la redundancia) me comenta:
- "¡Pobre hombre! ¡Mirá como tiene que andar!"-
Yo no entendía de qué me estaba hablando y, con mi estado de letargo, miro por la ventanilla y puedo ver a un hombre paralítico, sin silla de ruedas, cruzando la calle, arrastrándose en el piso bajo la lluvia. La gente (¿gente?) pasaba por al lado, ni siquiera mirándolo, sólo pasaba, como si en el piso no hubiera nadie...
Al llegar a mi casa, me arrepentí de no haberme bajado a ayudarlo; pero obvio, yo ya había pasado por ese lugar y mi actitud ya había sido "hacer nada".
Y ahora pienso que, mientras mi mundo agradable está lleno de profesionales éticos y socialmente responsables, de personas educadas y buen corazón, el mundo agradable de ese hombre está basado en poder cruzar la calle caminando o, al menos, en silla de ruedas.
A veces, mi mundo agradable me parece demasiado estúpido...

"Yo lloraba porque no tenía zapatos, hasta que ví llorar a alguien porque no tenía pies"

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