Hoy me levanté, preparé mi mate y me digné a sentarme a estudiar para uno de mis últimos parciales. Casi sin darme cuenta, se me pasó la hora del almuerzo, cuando miré el reloj eran las 15:45, así que decidí ir hasta el super a comprarme unas facturas para acompañar el mate y el estudio (que, justamente en esta época del año, se vuelve algo tedioso y monótono). Me cambié y salí.
Al llegar al supermercado, en la entrada, había una nena con su mamá; sinceramente, casi ni las ví. Reaccioné que estaban ahí cuando escuché la voz de la señora que me decía: "¿No me compraría un paquete de fideos?". Seguí caminando y entré. Compré las facturas y algunas otras cosas que se me antojaron cuando iba caminando por las góndolas (¿consumista? es probable). Cuando estaba yendo a la caja a pagar, me acordé de la señora y la nena, así que fui y tomé un paquete de fideos. Me fijé si me alcanzaba el dinero, y me dije a mi misma: "Acabo de comprarme unas facturas, otras cosas y el paquete de fideos, y me alcanza para algo más. ¿Por qué no darles algo también para la "hora del mate"(imprescindible en mi vida?". Así que fui hasta otra góndola y agarré un paquete de galletitas dulces.
Al salir, sólo estaba la nena (de aproximadamente unos 8 o 9 años), entonces le pregunté por la mamá, por lo cual respondió: "Está adentro, fue al baño".
Le dí el paquete de fideos y las galletitas. La nena me miró, abrió los ojos, y con una sonrisa de oreja a oreja (no puedo explicarles lo que era sonrisa, literalmente HERMOSA), me dijo: "Muchas gracias", a lo que yo le contesté: "De nada", y salí caminando.
Llegué a mi casa contenta, y con los ojazos negros y la imborrable sonrisa de la nena en mi mente.
A veces no entiendo por qué nos cuesta tanto darnos cuenta de las cosas. Hoy comprendí que no se trata de dar lo que nos sobra, o lo que no necesitamos; porque puedo asegurarles que esos $10 que gasté en el paquete de fideos y las galletitas para mi vida de estudiante son necesarios. Hoy comprendí que si dejamos de pensar un poquito en nosotros y en todo lo que necesitamos, y comenzamos a pensar un poquito más en los demás y en lo que ellos necesitan, el mundo va a ser más agradable. Además, ¡se siente tan bien y tan lindo ayudar al otro!. Yo me vine feliz a mi casa y ellas dos se quedaron felices, ya que no sólo tenían la cena de esta noche, sino que también podían comer algo rico a la tarde. Ganaron ellas, y gané yo.
Confieso que me hubiese encantado quedarme charlando un rato con ellas, la nena parecía muy educada y dulce. Pero bueno, por algo se empieza. Para la próxima, quizás, esté con mi termo y mi mate charlando en la entrada del supermercado.
En fin, cambié un paquete de fideos por una sonrisa (vuelvo a repetir, HERMOSA)que me alegró el día; me siento una estafadora.
Creo que me voy al supermercado...
DeL.
domingo, 15 de noviembre de 2009
La gran estafa: un paquete de fideos por una sonrisa hermosísima
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Amiga realmente me deslumbra tu alma hemrosa que inspira tanta sinceridad y amor... es muy reflexivo y cierto lo que decis.. muchas veces nos cuesta posicionarnos en el lugar del otro, pero por suerte existen personas como vos que permiten marcar el camino...
ResponderEliminarte qierooo muchoo ...
Lu